Reflexión cuarto Domingo después de Pentecostés

Estimada congregación Christuskirche,
Les remito una reflexión para el cuarto domingo de Pentecostés.
Bendiciones y un abrazo,

Pastor Oscar Amat y Leon - Iglesia Cristo Rey


Cuarto domingo después de Pentecostés

El Evangelio de hoy se encuentra en el pasaje de San Mateo 10:40-42. El contexto literario es el llamado a la misión de los 12 apóstoles de Jesús. Y los versículos del texto leído corresponden al tema de las recompensas dentro de las reglas de hospitalidad que eran parte de las relaciones sociales en el siglo primero.
El término “hospitalidad” deriva del latín “hospitium” que significa alojamiento. Esta acogida se ve reflejada en nuestro texto por la palabra “recibir”. Para Jesús, recibir a uno de sus enviados es equivalente a recibirlo a él, al mismo tiempo que eso implica recibir al Padre.
 
Ubicando el texto en el contexto social de las primeras comunidades, es oportuno recordar que, en los primeros años de la vida cristiana, el trabajo de los misioneros itinerantes fue muy importante. Estos personajes iban de viaje de lugar en lugar, expuestos en medio de la vulnerabilidad de ser extranjeros en lugares donde no tenían ni familia ni amigos. En estos casos, eran las casas cristianas y las personas que actuaban como anfitriones en esos lugares, la clave del sustento para estos misioneros itinerantes, a partir de la aplicación de las reglas de hospitalidad en medio de la comunidad de creyentes. Eso implicaba “recibir” a un enviado por Cristo.
 
Durante el período de fines del siglo I y mediados del II se tuvo que considerar temas prácticos al interior de la comunidad cristiana para lograr una buena convivencia. La Didaché, un libro cristiano del siglo II, trata asuntos prácticos acerca de cómo diferenciar a un verdadero misionero cristiano y distinguirlo de un falso maestro que quiere aprovecharse de los demás y abusar de la hospitalidad. También se trató en ese texto asuntos de cómo manejar el tema del dinero y la transparencia frente a la administración de las ofrendas para los más pobres. Es interesante notar que si estos textos aparecieron fue porque el tema de la hospitalidad y sus problemas, fue un elemento importante en la vida de las primeras comunidades de fe.
 
En nuestro texto de Mateo, la radicalidad del mensaje de Jesús se va acentuando conforme el relato va progresando. Jesús va mencionando que los enviados no sólo van a ser los apóstoles, quizás el enviado sea un profeta, es decir uno que habla en nombre de Dios y comunica su mensaje. Recordemos que los primeros ministerios en la iglesia primitiva estuvieron asentados en la autoridad de apóstoles y profetas; seguramente personas reconocidas por las comunidades. Pero Jesús sigue mencionando a otro tipo de enviados, probablemente menos conocidos y con menor “prestigio” entre las comunidades, Jesús habla que algunas veces los enviados serán personas justas. En el contexto del pensamiento judío, un “justo” es aquella persona que mantiene una relación adecuada con la ley de Dios, alguien que procura agradar a Dios y hacer su voluntad.
 
Alguien podría decir: “Bueno este enviado no es un apóstol, no es un profeta, pero por lo menos es un justo”. Igual se le recibe con el mismo aprecio y dedicación. Pero Jesús da un paso más: ahora el enviado es descrito en el evangelio como “uno de estos pequeñitos”, en el original se usa la palabra “mikros”, palabra asociada con palabras como “microbio” o “microscopio”; es decir, todo lo relacionado con lo que es muy pequeño. Y un “mikros”, aplicado a una persona, describe a alguien muy vulnerable dentro de la comunidad: No tiene poder económico, ni grandes relaciones sociales, pero según la lógica de Mateo (ver: Mateo 25: 35-40) estos “pequeñitos” no solo son la identificación predilecta de Jesús y el Padre, sino que también son el criterio de verificación a través del cual nosotros mismos, los creyentes, hemos de ser juzgados. 
 
Y entonces, nosotros estamos llamados a actuar con la misma hospitalidad y acogida, sin hacer distinciones ni ejecutar discriminación. Apoyar el avance del Evangelio de diversas maneras no pasa desapercibido ante los ojos de Dios. El Señor se identifica con estos “mikros”, sus “pequeñitos” y “pequeñitas” y esta actitud y compromiso es la que Dios bendice y prospera. Tener para dar, acoger sin distinción y recibir la recompensa del Señor. Esta es la dinámica de la economía del Reino de Dios. La buena noticia que hoy nos hace tener esperanza de un futuro distinto frente a los problemas cotidianos.
Amén.